ENTREGA FINAL CAPITULO 1

 

Entrega 32

 

Rauel regresó, a paso lento, del centro del tórax. Algo giraba sin control dentro de su cerebro. Las palabras de su conciencia lo habían impactado de tal manera, que aún después de volver a cerrar esa puerta, muchas ideas quedaron jugando en su mente. Subió de manera desganada la escalera de caracol que estaba en su cuello y de un manotazo apartó al más cercano de sus demonios. Tomó la determinación urgente de cerrar de nuevo el círculo de energía, para lo que convocó a todos sus demonios que, excitados porque intuían algo grande, ocurrieron al gran salón de reuniones.

– Quiero que vayamos al espacio en donde me espera el alma de mi hijo, expresó con su habitual displicencia y autoridad.

–¿Qué dices, mi señor? ¿Quieres ir a la sala de espera? Eso está prohibido, susurró temeroso el demonio de las dudas.

– ¿A quién le importan tus temores, idiota? Todos vamos a ir a ese lugar, ¿me escucharon?, ¡todos!, gritó el príncipe con furia, haciendo valer su liderazgo. Nadie en ese lugar era más grande e importante que él mismo.

Formando el círculo de control, se concentraron en un solo punto. La sala de espera, vedada por ser sagrada, estaba a punto de ser violada por primera vez.

El alma de Rauel salió de su cuerpo para dirigirse, en compañía de algunos de sus demonios, en busca de ese mítico lugar. Deambularon por todo el planeta, hasta llegar hasta una de las dos lunas que se encontraba en cuarto menguante, y nada. Volaron de regreso a la atmósfera alta del planeta, pero el sitio que buscaban no se localizaba. Algo llamó la atención de Rauel. Del planeta salían almas que viajaban al espacio exterior, pero no eran espíritus solitarios, sino que viajaban en parejas.

Con su aguda sensibilidad, intuyó que, si contaba con una pareja, tal vez encontraría el lugar que buscaba.

– Es tiempo de volver a casa, sentenció Rauel a sus demonios que jubilosos festejaron la noticia, aunque se desalentaron cuando el amo les dijo que su travesía aún no terminaba. El grupo que flotaba por los alrededores de Ran-Dom enfiló con una nueva dirección. Viajaron entre las nubes, hasta llegar a una de las planicies. Ahí, bajo la sombra de un árbol, dormía una doncella joven y hermosa que impactó a Rauel. Un demonio le sugirió que la dama podría ser seleccionada para convertirse en una de sus esposas.

– No necesito esposas, sólo una que me acompañe a ese intrincado lugar en donde conoceré a mi hijo, aclaró el príncipe con su consabida ira.

– Es muy importante que yo sea el primero en entrar contacto con mi hijo.  Puede hacerlo alguien equivocado y todo se sumiría en una catástrofe inútil. No tengo tiempo para placeres mundanos.

Mientras ellos discutían, la hermosa chica despertó sobresaltada. Todos habían bajado hasta donde estaba dormida y, por alguna extraña razón, pudo escuchar las voces que discutían.

– ¿Quién eres?, tu rostro me resulta conocido, dijo la dama con ingenuidad al ver al ingélico que comandaba el grupo.

– Soy el príncipe Rauel y me has visto en tus sueños, contestó con una dulzura desconocida, que hasta a él mismo extrañó.

– ¿Cómo te llamas?

– Ireni, mi señor. La chica trató de tocarlo con sus manos, pero éstas sólo ondearon en el aire de las planicies, porque la imagen de príncipe no era real. “Sigues siendo un sueño. No puedo tocarte y es probable que yo esté aún dormida bajo el árbol”, agregó desencantada por la experiencia.

– No todo es como lo ves. Te aseguro que la realidad, ni siquiera la imaginas.  Rauel trató de tocar la barbilla de la joven, pero ésta se volteó, agraviada.

– Tú no eres realidad; eres un sueño y, como tal, tengo derecho a despedirte, dijo la hermosa doncella con un mohín de disgusto, dando la espalda a Rauel, quien sonrió ante el desplante femenino. Sus demonios apenas podían creer semejante respuesta por parte de su amo.

– Dentro de tres días, vendrá un grupo de guerreros para acompañarte ante mi presencia. No temas, son de mi absoluta confianza. Ellos te llevarán al lugar que supones un sueño, instruyó Rauel a su futura esposa.

– ¿Guerreros? ¿Qué es eso príncipe?, replicó la chica confundida por un término que nunca había escuchado.

– Eso no importa. Sólo te pido que no te muevas de aquí.

Así lo haré. Pero, dime, ¿quiénes son los señores que te acompañan? Se parecen tanto a ti. La chica divisaba como sombras difusas a los demonios de Rauel, quien sonrió de nuevo ante la sensibilidad que manifestaba la chica.

– No son nadie. No te preocupes por ellos.

Rauel regresó a toda prisa para enviar a sus reptiles de confianza. Él estaría haciendo los preparativos para la magna recepción de su futura soberana. Había en él un gozo que se manifestaba por todos sus poros. No se podía saber si su placer anticipado era por haber conocido a una bella mujer, o por razones más oscuras y perversas.

La parte ingélica de Rauel estaba distraída con esa nueva experiencia y su parte interna, la no física, se manifestaba gozosa ante la posibilidad de conocer a su hijo, antes de que llegase al vientre de su mujer. ¿Por qué? Nadie, ni sus demonios, conocían sus más secretos planes. Por primera vez, desde que conoció a su morador interno, Rauel se mostraba como un ingélico normal. La visita y posterior violación a la sala de espera, ya estaba trazada, sólo que ahora había algo más importante que hacer: atender al amor.

 

 

FIN CAPITULO 1

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