ENTREGA 25
Entrega 25
Un resplandor comenzaba a percibirse en el fondo de la enorme gruta. Por fin estaban arribando al lugar sagrado en donde la llama de la divinidad estaba aún encendida.
– ¿Qué es ese lugar?, se detuvo Rauel para observar mejor.
– No podemos mencionarlo, mi señor.
– ¿Nadie puede decírmelo?, rugió Rauel enfurecido, provocando la huída de los más asustadizos.
Una voz que nunca había escuchado y le puso a temblar le dijo: “Ese lugar es tu corazón. Ahí esta la llama de la divinidad, una luz que no puedes apagar porque, en sí misma, es la conexión que aún mantienes con Dios. Tú tienes una misión qué cumplir; sin embargo, tu destino es sólo el principio de un plan incomprensible e inconmensurable. La puerta que vas a cerrar es solamente parte de la ayuda que va a requerir tu hijo, ese niño al que nombrarán el Cazador de Almas, y que ya viene en camino. Para él es importante que cierres la puerta de este lugar”.
El Cautivo como le llamaban en voz baja los demonios, era la voz de su guía interno, aquél que quedaría preso dentro de su propio corazón y que lo acompañaría hasta el fin de los tiempos. Tranquilo y confiado esperaba dentro del corazón a su otro yo; a ése que decidió venerar la oscuridad y huir de su propia luz. Sólo esperaba que la nefasta acción se concretara.
– Ya escucharon, cobardes, es sólo una voz que no tiene ningún poder, aclaró Rauel, tratando que su propio temor pasara inadvertido, echando mano de un valor que estaba muy lejos de sentir.
El espíritu de Rauel, sin molestarse por los bulliciosos demonios, esperaba paciente en el umbral de la entrada mágica del corazón. Cuando la horda llegó, un silencio abrumador cayó como plomo sobre la concurrencia. Nadie emitía un solo sonido y algunos, incluso, dejaron de respirar. La presencia del extraño los mantenía completamente sometidos.
– ¡Quien quiera que seas, apártate!, ordenó Rauel rompiendo el silencio.
Bastó un solo paso al frente para romper el límite invisible. El espíritu puro de Rauel tenía todavía un enorme poder sobre todos los moradores internos.
– Soy la otra parte de ti y te he estado esperando, pues sé lo que buscas. Ven y cumple con tu destino sin mirar atrás. Aunque sepas en dónde estoy, no me busques, ni me invoques, porque después de cerrar esta puerta, nunca más vas a poder romper los grilletes con los que ahora me encadenas. El contacto entre nosotros se va a suspender, hasta que nuestro Dios Jahja disponga lo contrario, y hasta que sepas que tu misión ha sido cumplida. Mis cadenas son tus propias cadenas y mi cautiverio es tu propio encierro. Éste es uno de los momentos más importantes de la evolución. Es en este instante, el filo de la espada de Dios caerá sobre ti para partir en dos tu ser y, en el futuro, todo aquel que se aleje del Creador, va a saber que no puede salir indemne. El mismo peso de sus propias acciones se va a encargar de la separación. Dios no manifiesta cólera, ni venganza. Él permite que cada cual escoja si quiere ser hijo de su luz o de su sombra. El libre albedrío irrumpirá en la vida de este planeta y comenzará a cumplir su misión. Por él, cada ser en Ran-Dom va a decidir por sí mismo a cuál bando servir. La luz y la sombra están, a partir de hoy, frente a frente. Aquí, entre tú y yo, da comienzo la primera gran separación; se está gestando la primera gran guerra: la guerra del amor.
El ser interno de Rauel comprendió lo que aquel ente decía. Ambos sabían de qué trataba todo e invitó al otro a cumplir con su destino.
– ¡Apártate, no necesito ayuda!, gritó Rauel tratando de lanzar de un empellón a su otro yo hacia el interior del recinto. Éste se apartó con mansedumbre del umbral, para que la parte oscura de su ser cerrara para siempre la puerta del corazón. Con esa acción significativa, el planeta selló su suerte. La maldad, primera gran acción malévola, se estaba consumando para desgracia de la creación y para sufrimiento de los habitantes de Ran-Dom.
El padre del gran ángel caído estaba allanando el camino del que aún no nacía, de aquel que llegaría para reinar con la enorme fuerza y poder de la oscuridad interna. Sólo cuando buena parte del universo fuera contaminada por esa oscuridad, aparecería en escena su contraparte: la luz del Libertador.
* * * * *
Los espacios mágicos en que se reúnen los espíritus de quienes van a nacer y de quienes serán padres, son lugares misteriosos, pero hermosos. El tiempo no existe en esa dimensión. El placer y la alegría del encuentro son una maravilla. No hay maldad, ni tristeza, ni oscuridad, ni envidia; sólo el amor más pleno y perfecto de todos: el amor al prójimo.
– Mosses, ¿estás listo?, habló con ternura una voz dentro del alma por nacer.
– Estoy listo, respondió internamente el pequeño con la naturalidad que caracterizaba su relación.
– A este planeta llegarán dos almas, en diferentes barcas, ¿ya lo sabías, verdad?, inquirió la voz que había comenzado a manifestarse en el interior de Mosses y que guardaba un cariño especial por esa alma.
– Sí. Draco va a nacer al mismo tiempo que yo, respondió Mosses con la misma naturalidad.
– ¿Sabes qué es lo que te espera?, preguntó de nuevo la voz, al parecer, preocupada por el futuro de su anfitrión. Todos en la barca sabían lo que sucedería en Ran-Dom y, de alguna manera, mostraban su empatía con esas almas que cargarían un enorme un peso sobre sus espaldas, desde el principio de los tiempos.
–Sí, dijo Mosses. No tengo miedo porque tú vas a acompañarme para siempre, ¿No es así?, responsabilizó el pequeño a su ser interno.
– Desde luego, acompañarte es mi misión, asentó la voz.
– Para mí, es suficiente pero, dime, ¿algún día conoceré tu rostro y tu nombre?
– Cuando llegue el momento, replicó la voz con ternura estableciendo, desde el principio de los tiempos, la manera en que puede y debe hablarse consigo mismo. Así, Mosses estaba aprendiendo la primera y gran lección que marcaría el resto de su existencia.
– ¿Sabes cuándo se va a presentar esa oportunidad?, requirió ansioso.
– No. Nadie lo sabe. Primero debes aprender a caminar. Es muy importante que comiences a imprimir información y conocimientos dentro de ti. Después, cuando tu singular evolución lo requiera, nos vamos a poder ver cara a cara. No antes, no después.
– ¿Cuántas vidas voy a experimentar antes de conocerte?, insistió.
– Muchas y en diferentes lugares.
– ¿Te refieres a mundos o a dimensiones?, preguntó de nuevo Mosses, a quien siempre le gustó el sabor de lo nuevo, de la aventura y la investigación.
– Ambas cosas. Vas a viajar por muchas dimensiones y a vivir en diferentes planetas.
– Eso parece excitante. ¿Es el verdadero significado de la palabra, aventura?
– Exacto, vas a tener una larga y maravillosa aventura: la aventura de la vida.
– Pues, estoy listo, dijo Mosses en un estado de meditación profunda. Sus enormes alas lo envolvían reconfortando su espíritu. La barca que lo transportaba viajando por la serpentina guía estaba a punto de anclar en el puerto de llegada de Ran-Dom.
– Mosses, prepárate para el descenso, dijo Ireni, el hada de la barca.
– Sólo me despido de mis amigos, respondió mientras estrechaba la mano de sus acompañantes.
Mientras Mosses se despedía de sus amigos, en la otra barca, Draco sostenía una conversación con su guía interno.
– ¿Estás listo, Draco?, dijo su voz interna con afecto.
– Estoy listo, respondió con amor al recibir su apoyo.
– ¿Conoces tu destino?
– Sí.
– ¿Lo entiendes?
– Lo voy a llevar a cabo, respondió enfático. Parecía que Draco tendría una tarea más pesada que la de Mosses y, desde el principio de su existencia supo de la gran responsabilidad que supone llevar a cuestas los insondables misterios del Creador.
–Es la última vez que hablamos. ¿Lo sabes, verdad?, dijo la voz intentando asegurarse de que Draco conocía su misión.
–Si, lo sé. En su respuesta se advertía el peso de su responsabilidad, quizá deseando tener consigo a su voz, durante toda su existencia.
– Cuando llegues a la sala de espera, en donde conocerás a tus futuros padres, te habrás olvidado de mí.
– No lo creo. Es difícil que olvide mi origen. Mira a nuestro alrededor, la presencia de Jahja es permanente. Draco estaba maravillado con lo que el cosmos le ofrecía como espectáculo y paisaje.
– No me expliqué correctamente, retomó el diálogo la voz. Tu padre ya está cerrando las puertas de su corazón y, para cuando tú nazcas, yo ya seré prisionero de ti mismo. Desde el primer momento en que respires, la ausencia de conciencia formará parte de tu acervo natural. Hasta ahora, todos los seres de la creación pueden perder, olvidar, cerrar, incluso secuestrar su conciencia. En tu caso, este movimiento incomprendido dentro de la evolución va a ser diferente, ya que nacerás con la mente poderosa y la conciencia encarcelada. El movimiento que tu padre está realizando te va alcanzar hasta acá, en este lugar sagrado. Este primer paso del despego con Dios tiene el tiempo a su favor. No has llegado aún a tu primer destino planetario y la fuerza y poder de tu padre ya están alcanzándote. Yo seré tu primera víctima y lo harás antes de cambiar de dimensión y de tu próximo status de vida. Viajarás por mil mundos y tus creaciones vagarán por mil dimensiones para formar parte de un reto, de una guerra. Una nueva raza poblará el universo; ellos serán tus títeres y armas letales favoritas: los habitantes de Zeta Reticuli, explicó la voz, más allá de lo que Draco entendía.
– ¿Dices que heredaré el poder de mi padre antes de nacer?
– De alguna forma, sí. Draco ya sabía del tema, porque en el huevo de la creación la conciencia es extremadamente expansiva y el estado dimensional del tiempo no existe; sólo el conocimiento y el amor infinito.
– ¿Cuánto tiempo pasará para que mi nacimiento suceda?
– Para ti, un instante. Estamos en la región del no tiempo. Para tus padres, en Ran-Dom, varios meses.
– Y tú, ¿cuándo te vas a retirar?, ¿cuándo vas a dejar de existir? Draco cerró los ojos para lograr un mayor contacto con su interior. Sin embargo, la respuesta no fue la que esperaba.
– Bastaba con que lo preguntaras. Ésa es la señal. El poder con el que vivirás, de ahora en adelante, ya está en curso. Te deseo suerte en tu misión; mi amor y comprensión sean contigo. Nos vemos al final de los tiempos. Te darás cuenta de que el tiempo es sólo eso, nada más. Y cuando él está vigente, tarde o temprano las cosas ocurren. Te voy a extrañar, amigo. Cumple con tu destino y sé la sombra de Dios. Azota al universo entero, que yo esperaré por ti para la reunificación, expresó el guía interno de Draco, alejándose lentamente del plano de comunicación. Él sabía que para que el plan divino pudiera llevarse a cabo, tendría que entrar en un estado de hibernación eterno. Cuando el guía de conciencia ingresó al corazón de Draco, tocó sus paredes con resignación. En silencio, las puertas de ese corazón se cerraron para siempre.
La barca de Mosses desplegó la rampa de salida, para permitir el descenso de esa alma llena de ilusiones y expectativas. Mosses, al igual que Draco, sabía de las vicisitudes en su incursión a la vida.
– Hey, Mosses, cuando visites mi estrella, búscame. Me dará mucho gusto saludarte, dijo Froilán, el darsni con el que entabló una comunicación especial.
– Claro, ojalá pueda hacerlo en este estado, como alma y no como cuerpo biológico, respondió Mosses sabiendo que una como entidad viva, significaría la existencia de problemas tan graves, que volverían inminente el envío de una entidad biológica en su auxilio.
– No importa, igual me dará gusto, contestó Froilán sin dar importancia a las proféticas palabras de su amigo. Esos espacios mágicos del universo no siempre están ligados al tiempo, y ellos no tenían en esos momentos conciencia de los eventos futuros en el universo. De modo que, ni Mosses ni Froilán tenían conciencia de que, miles de años después, el destino los reuniría de nuevo en otros mundos y espacios. La amistad de los que viajaron en la barca original es siempre eterna e indestructible; volver a reunirse ya estaba en manos del tiempo.
Mosses levantó los brazos, se envolvió en sus alas y se dejó conducir por una fuerza invisible, para descender al encuentro de los guardianes planetarios.
– Bienvenido, Mosses, recibió un enorme ángel al joven ingélico.
– Gracias, me siento feliz de estar aquí.
Los dos guardianes tomaron el alma de Mosses para llevarla al salón donde se reuniría con Draco y sus respectivos padres. Ahí, coincidirían los seis por primera y última vez, al menos en ese planeta.
– ¿Tienes noticias de Ran-Dom?, preguntó Draco a uno de los ángeles guías.
– Todo va según lo previsto, respondió éste con solemnidad.
– ¿Comenzó la guerra?, inquirió curioso.
– Está a punto de hacerlo. Tu padre está trabajando arduamente en eso.
– Sólo espero no defraudar a mi Dios, dijo Draco, quien sentía dudas de la enorme e ingrata responsabilidad que se le había asignado.
– No te preocupes. Desde el primer momento de tu existencia, vivirás dentro del caos del planeta que, te aseguro, va a ser feroz.
El ingélico soltó un intenso suspiro. Ya no tenía más preguntas, ni dudas.



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