ENTREGA 2 CAP II

 

 

 

ENTREGA 2

 

 

Las estrellas generadas por el conjuro del mago se mantuvieron girando lentamente hasta que, del centro del triángulo que habían formado, surgió un nuevo rayo de luz que se proyectó sobre una piedra que, al cabo de unos instantes, emitió un sonido explosivo, sobresaltando a los observadores que retrocedieron instintivamente. Emanó luego un vapor azuloso que, al disiparse, dejó al descubierto la figura de un galindro grabado sobre la piedra. Por esta señal, Kristan-Semo supo que el portal estaba abierto y que permanecería así por un breve lapso, de modo que ordenó a sus acompañantes que con la mayor celeridad recogieran las pertenencias de su hermano y le siguieran por la grieta recién abierta.

El anciano no permitió que sus acompañantes se detuvieran a observar nada más. No deseaba que la representación del mal advirtiera lo que estaban haciendo, por lo que era menester cerrar cuanto antes el acceso, para evitar riesgos adicionales. Una vez adentro, el grupo escuchó un nuevo estruendo que parecía provenir de la entraña misma de la tierra y supo que estaban a salvo. El mago los conminó a descansar y orar en agradecimiento a Jahja, por haberles permitido llegar hasta ese mágico punto.  

Mirhar que se acercó al borde de una sima cuyo final no se advertía. Maravillado, vio cómo miles de escaleras construidas muchos siglos atrás, se perdían en las profundidades del abismo de Yorn. Ningún escalón estaba desgastado por el paso de peregrinos o alumnos. Al contrario, lucían impecables y descendían por una impresionante pared vertical.

En ese punto, Kristan-Semo detuvo a los siete nuevos pupilos para una ceremonia de iniciación que despertó la curiosidad de más de alguno que quiso saber qué era eso.

– Quienes aquí viven, comenzó el anciano a relatar, nacieron con una seña particular. Ustedes no tienen ninguna, de lo contrario me estuvieran recibiendo, no acompañando, ¿comprenden?  Enseguida, el adivino sonrió y depositó sus pertenencias en el suelo, invitándolos a formar un círculo silencioso que permitió que el grupo elevara su vibración interna. En ese estado, el viejo habló.

– Del nombre de cada uno de ustedes va a salir la cualidad con la que van a trabajar, de aquí, hasta que mueran.

– ¿Vamos a morir?, preguntó Esperanhar en un momento de pánico.

– Todos vamos a morir. De nosotros depende cómo hacerlo; de pie o de rodillas, con las alas desplegadas o recogidas. Morir para nacer en otro mundo mejor, o morir para renacer eternamente, sin lograr siquiera entender el significado de trascender.

– Entiendo, maestro, si no te molesta que te nombre así, dijo Mirhar, con respeto.

– Pueden nombrarme como quieran, pero recuerden que llegaron hasta aquí por una razón: aprender a vivir un minuto más. Aquí y en cualquier mundo o dimensión, la vida es sagrada porque nos la otorga Jahja, nuestro único y verdadero Dios. Un ingélico caído busca arrebatar de manera ignominiosa lo que nuestro Dios nos dio de manera amorosa. Ésa es una razón de peso para cuidar de ella, no importa si es sólo un minuto. Lo que se otorga con amor se cuida con el corazón y muchos atributos más. Tal vez no se han dado cuenta de que en sus nombres llevan encriptada una valiosa información. Junten sus manos y guarden silencio, porque la simbología de sus nombres se develará en unos momentos. El trabajo que junto con los guerreros del abismo van a desarrollar es valiosísimo; sacralicen el momento y agradezcan la oportunidad de servir, aleccionó Kristan-Semo, al tiempo que con un chasquido de sus dedos generó un pequeño fuego y lo sostuvo sobre la palma de ambas manos. Pidió a cada uno de los ingélicos que pasaran al centro del círculo, para escuchar el mensaje contenido en cada uno de sus nombres.

– Amahar, acércate al fuego. Sin miedo, pasa tus manos por encima de él y dime qué sientes.

– Veo una especie de energía color violeta. Es todo, no puedo ver más. No sé lo que significa, lo siento maestro, creo que fallé, dijo Amahar con cierta desilusión.

– Aún no termina. Siente esa energía y trata de unirte a ella. Intenta con todas tus fuerzas mezclarte con ella hasta convertirte en una sola entidad, instruyó el anciano, evaluando la ignorancia de sus protegidos, pero apreciando sus genuinos deseos de aprender

Amahar comenzó a relatar que la energía violeta tomaba la forma de un tornado que llegaba hasta él y lo envolvía pero, a pesar de su calidez, le inspiraba temor y deseos de huir.

– No temas, lo apaciguó el maestro, es natural sentir miedo cuando la energía del amor nos envuelve por primera vez.

Amahar asintió y fue así como pudo desentrañar el significado de su nombre.

– Sentir el amor por todos mis poros es lo más increíble y maravilloso que me ha sucedido. Creo entender que la misión que me han encomendado es la de amar. Cuando la crueldad invada a mis hermanos, tendrán necesidad de sentirse amados y ahí voy a estar yo, confortando su alma para que sepan que Jahja está con ellos. No importa si me injurian o lastiman, la mayor lección que puede recibir un ser vivo o muerto es el amor incondicional, dijo Amahar  con lágrimas de agradecimiento, cuando sintió que su alma vibraba muy alto y a través de esa gracia. Estaba listo para enfrentar lo que se avecinaba.

– Bien, Amahar, regresa a tu sitio y siente cómo el símbolo de tu nombre está vivo y te lleva en estos momentos a lugares jamás imaginados, para enseñarte sus secretos.

El joven aprendiz regresó a su lugar profundamente impactado. El adivino guardó un minuto de silencio para que el muchacho asumiera  correctamente su iniciación.

– Mirhar, es tu turno. Acércate al  fuego, tócalo y dime qué ves en él, incitó el sabio al segundo iniciado.

Siento como si todo tuviera una perspectiva diferente. Es como si pudiera penetrar dentro del significado mismo de las cosas. Parece que un velo se estuviera recorriendo y que mis ojos tuvieran nuevos ojos. No entiendo con mucha claridad cuál es mi misión pero, poco que puedo entender es referente a una nueva visión de las cosas. Si la pregunta se refiere a que si puedo ver más allá de lo que veía antes de estar aquí, la respuesta es positiva. Observo las cosas con mayor claridad, así que mi misión consistirá en acompañar a nuestros guerreros para evitar, en lo posible, que caigan en trampas o engaños. Mi nueva capacidad de ver puede salvar muchas vidas. Siento que desde lejos puedo develar la veracidad de los acontecimientos por venir, y eso puede ayudar mucho a mis compañeros.

            Tocó el turno a Sanhar, quien aproximó sus manos al fuego, no sin mostrar cierta resistencia al dolor que esto le provocaría.

– No temas, le dijo Kristan-Semo. En tu nombre está la clave para que eso no ocurra.

            La mirada amorosa del anciano terminó por convencer al temeroso ingélico que avanzó un tanto indeciso al centro del círculo e introdujo sus manos al centro de la hoguera, esperando la primera oleada de dolor. Grande fue su sorpresa al advertir que movía sus manos entre las llamas, pero no percibía sensación alguna.

– Ahí está el significado que encierra tu nombre; poder sobre la materia y sobre el alma, aclaró el adivino. La responsabilidad que lleva implícito el poder de la sanación, ya sea del cuerpo o del alma es tremenda. El coqueteo de la energía te puede seducir. De hecho, la seducción de la energía provocó la caída del príncipe del Reino frío. La responsabilidad para contigo mismo es muy grande. Toma en cuenta que mantenerte ecuánime, centrado y con la conciencia activa es tu mejor arma para enfrentar ese coqueteo. No temas a tu propia grandeza, sino a la oscuridad y a tu ego. Lo demás, déjalo en manos de Dios. 

Kristan-Semose dirigió a Sanhar con un cariño especial. Quizá sabía que en los próximos tiempos, la capacidad de sanación de miles de ingélicos heridos sería una tarea abrumadora y titánica. Sanhar se envolvió entre sus alas para orar por esa gran bendición.

Cuando llegó el turno a Esperanhar, se acercó cauto y silencioso al centro del círculo. Todos sus sentidos estaban en alerta, pero lo único que dijo escuchar fue el crepitar de las llamas, lo que le hizo temer si no estaría sordo para las cosas importantes. El anciano le recomendó tocar su corazón y dejar que fuera él quien escuchara lo que el fuego trataba de decirle.

– Las cosas más sutiles salen del alma, escuchó el ingélico susurrar a las llamas. “Lo mundano sale de la boca y se transforma en ruido vulgar. Aprende a conectar tu mente y oídos con tu alma. Desde ese lugar, podrás descubrir traiciones, banalidades, pero también el llamado sincero de otro igual a ti. Cuando un ingélico necesite de tu ayuda y pida auxilio, podrás escucharlo a muchos kilómetros de distancia; no importa si lo expresa verbalmente o es mudo, porque tú aprenderás a escuchar con e alma. Con tu presencia, lograrás que tus hermanos no pierdan la esperanza, ese atributo que tiene el poder de renovar lo que se creía perdido. Cuando a tus hermanos los agobie la desesperanza, llegarás para renovar su espíritu y su fe. Aun cuando nada quede en pie, la esperanza seguirá viva. Ésa es tu misión”.

Sólo Esperanhar escuchó las palabras emanadas del fuego y se retiró con los ojos cerrados, aceptando de corazón lo que éstas le indujeron.

El adivino, aparentemente, no tomó en cuenta a Pacienhar, quien era el siguiente en la fila, y se dirigió a Ahormar para pedirle que caminara alrededor del grupo y le dijera qué percibía con el olfato.

– Huelo la frustración que sintió Pacienhar al ser retenido en el círculo. Huelo el miedo de los compañeros que no han pasado al frente. Huelo sangre, destrucción y muerte. También huelo cuando el amor se retira del planeta. No sabía que el amor emanara un aroma. Huelo las trampas y las celadas; el odio, el terror, la desesperanza. ¿Todo esto es real?

– ¿Sabes ahora a que huele la fe?, preguntó el adivino emparejando el paso del ingélico que continuaba dando vueltas alrededor de sus compañeros.

– Huele a mi amigo Fehar, repuso sin dudar.

– Entonces, lo que estás oliendo es verdad. Tu nuevo olfato será de mucha utilidad con los emisarios del Cazador de mentes, porque podrás anticipar muchos movimientos de nuestros otrora amigos.

Una vez más, Pacienhar trató de avanzar al frente y, de nuevo, fue detenido por el adivino. El joven ingélico no entendía por qué el anciano no le permitía hacer lo que sus compañeros y hasta llegó a pensar, con desilusión, que no serviría para tan importante tarea.

– Te toca, Fehar, indicó Kristan-Semo al joven que, dando dos pasos al centro del círculo, se atrevió a preguntar:

– ¿Es cierto que todos vamos a morir? ¿Nuestros dioses se olvidaron de nosotros? ¿Si morimos, nos perderemos en el laberinto del olvido?

– ¿Tienes miedo?, cuestionó el maestro.

– Mucho.

– ¿Sientes desesperanza?

– Pienso que todo está perdido.

– ¿Piensas? ¿Por qué no intentas sentir? Tal vez, sintiendo puedas descifrar tu simbología.

– ¿Cómo se puede sentir la esperanza, si todo parece perdido?

– Existe un lugar en donde no te pueden quitar nada, ni siquiera el Depredador de almas.

– ¿Cuál es? ¿En dónde está?

– Dentro de tu corazón y en el centro de tu alma. Cuando verdaderamente crees y tienes fe, nadie te puede esclavizar, ni matar de verdad. ¿Sabes por qué? Porque cuando tienes fe, Jahja está contigo y tú con él. Ésa es la fuerza y poder más grande que un ser pueda tener. Con esa fortaleza levantarás al herido, al desesperado, al que crea que todo se perdió, que ya nada vale la pena, a aquél que sienta que Jahja lo abandonó, a todo ingélico que esté defendiendo su vida y la de otros, aunque sólo sea para que vuelvan a la lucha, para que vuelvan a creer, no importa si es un solo minuto y después llegue la muerte. La fe, es lo último que un ingélico puede perder. Tú, al caminar por Hiprosed, se las llevarás, dijo el anciano dibujando signos en el aire, para después depositarlos en el pecho del ingélico que soportó de pie el impacto energético.

– Es tiempo de marchar. Tomen sus pertenencias y pongámonos en movimiento, dijo Kristan–Semo, quien pareció olvidar al que se quedó en espera de resolver su simbología.

– Pero, maestro ¿y yo?, protestó Pacienhar.

– Lo sabrás cuando todos nos hayamos ido. Ya tendrás tiempo de alcanzarnos: por lo pronto, quédate en el centro del círculo, sin moverte. Tarde o temprano, te llegará la luz. Mientras tanto, no pierdas tu posición porque, si te retiras antes de tiempo, jamás lograrás verla, advirtió el anciano, dejando a

Pacienhar desconcertado, de pie dentro del círculo, sin saber qué hacer más allá de quedarse quieto y esperar con paciencia.

 

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