ENTREGA 10
ENTREGA 10
En el lugar en donde el tiempo no existe, los preparativos para la partida de las barcas seguían su ritmo habitual. El factor tiempo es un instrumento extraño para la creación. Por un lado, apenas se iniciaban en Ran-Dom los movimientos previos a la depredación total del planeta y por otro, en el huevo de la creación ya estaban alistándose los dos seres que tendrían un trabajo clave en los senderos de la evolución. Sin embargo, los tiempos y los no tiempos coincidirían perfectamente. Todos estaban expectantes y deseaban conocer al último de los compañeros de viaje por el universo. Las barcas ya estaban a punto para zarpar y faltaban unos instantes para su llegada, mientras que en Ran-Dom, donde el tiempo estaba en activo, faltarían muchos meses de espera.
Por fin, la gran esfera dorada mostró señales de actividad. Dos vórtices de protección se abrieron lentamente para expeler de la primera atmósfera del huevo a las nuevas almas esperadas. Como un ojal, los vórtices de la energía se abrieron para parir dos flamantes espíritus. Uno llegó al huevo de la creación con todas las características físicas de un ingélico; el parecía ingélico; de hecho, lo era, pero se podían observar pequeñas diferencias con los de su raza. Mientras uno era casi cristalino, el otro tenía pequeñas áreas opacas. Uno tenía alas grandes y espectaculares; el otro no las tenía del mismo tamaño. La mirada de uno se apreciaba clara y franca; el otro rehusaba, por momentos, mirar de frente. Uno aceptaba con humildad su destino; el otro ya tenía levantados algunos de los demonios originales. En ese mágico lugar nadie juzgaba ni marcaba diferencias. Por el momento, en las barcas esperaban los primeros movimientos de las dos almas recién creadas, al tiempo que la envidia caminaba sobre Ran-Dom.
Pero, ¿por qué los cambios?
Muchas veces, los cambios físicos para alterar el orden natural de una especie necesitan de tiempos prolongados. Esta vez, el cambio dramático de la raza ingélica ocurrió en una sola generación. Las últimas almas creadas llevaban a su planeta los preceptos claros del cambio de raza; mejor dicho, la división de una sola raza, en dos diferentes.
Rauel estaba mutando y su pueblo también. La maldad que amenazaba con explotar desde adentro de ese pequeño reino estaba saliendo desde el interior de aquel ingélico a punto de caer. Un ser rebelde al orden natural, contra Dios y contra sí mismo. Su cuerpo, una vez translúcido y bello, ahora tenía fragmentos opacos, llenos de pequeñas escamas. La imagen de la rapiña iba creciendo en sus alas y en su mirada se adivinaba el inconfundible signo de la altivez y la ferocidad.
Rauel nunca advirtió el cambio que comenzó a experimentar su apariencia. Los demonios de la arrogancia, la vanidad y la avaricia le habían marcado, en tanto la Humildad estaba siendo derrotada en Ran-Dom. El príncipe no se percató del momento en que se situó en el filo de la espada de Dios que podía partirlo en dos. Su interior entró en un estado de hibernación permanente. ¿Por qué? Eso era uno de los misterios más grandes del Creador. Una parte de Rauel quedó en suspenso, en tanto la otra se levantaba más allá de los límites. El bien y el mal se disputaban territorio y hegemonía dentro de ese ingélico dispuesto a perder lo que no se debe perder: el alma.
El cambio físico de Rauel fue tan marcado, que se constituyó en el elemento que causaba pavor a los suyos. Su mente era el arma más peligrosa del reino y la utilizó para minar, desde mucho tiempo atrás, la mente de sus súbditos.
Rauel fue el primer ser de la creación que renegó de Dios; el primer ser vivo que cortó los conductos naturales de la conciencia; el primero en franquear las puertas a los demonios; el primero que probó las mieles amargas de la envidia y la arrogancia; el primero que retó al poder divino para poseerlo todo; el primero que coartó la libertad de sus semejantes; el primero que dispuso un destino diferente para la vida; el primero en sucumbir ante la tentación del poder.
Todo lo que hacía Rauel era pensar la manera de avasallar al mundo entero. Mucho tiempo destinó para encontrar la fórmula que le permitiera poseerlo todo. Los cambios que experimentó su ser interno en ese proceso provocaron mutaciones físicas en su biología. Los demás sólo le imitaron: fue una simple contaminación por contacto.
El entrenamiento en la mente de Rauel fue en extremo doloroso. Todo lo que realizó en su cueva de retiro fue para fortalecer su mente. Sus maestros más importantes, paradójicamente, estaban al principio fuera de su alcance y sin embargo, siempre estuvieron demasiado cerca. No tuvo conciencia cuándo fue que cerró las puertas de su corazón. Jamás le importó qué habría dentro de su espacio sagrado, ni qué contacto rompió con su transformación. Lo que sí advirtió fue que de lo más recóndito de su ser despertaron demonios que ni siquiera sabía que existían. Pero, ¿cómo obtuvo esa fuerza?, ¿cómo evoluciona el mal si no se tiene conciencia de su existencia?
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