Antes del Tiempo I
ANTES DEL TIEMPO
En el huevo de la creación, Dios se encuentra contenido y conteniendo todo. Él observa la salida y la llegada. Él atiende y libera lo creado. De su ser se alimenta la vida y la muerte. En lenguaje llano, se puede decir que, antes de la creación, sólo está Él. Después de la creación, también.
No obstante, en un principio, durante el proceso de la creación, no todo surgió de Dios. Antes del génesis, el tiempo no era un factor existente, pues lo único real era su propia materia. De esa materia o energía sagradas se gestó el universo central, el universo de los universos, el gran contenedor de universos. Cuando el tiempo comenzó a funcionar dentro de ese universo central, se gestaron los otros universos, las dimensiones y las esferas sagradas.
Imaginemos por un momento que el Creador es una inmensa esfera de fuego dorado, y que de él surgen otras esferas menores, pero formadas del mismo fuego sagrado: la materia de Dios.
Una de ellas, la más grande, se va a convertir en el universo central. Es la esfera generadora de universos y dimensiones.
Otra, que surge enseguida, es la fuente de alimentación de ese universo.
Surge otra más, en forma mágica, girando sobre su eje y contiene el material del que se van a generar los espíritus individuales de todos los seres; entidades que ya se están pre gestando dentro del universo central. Esta esfera, en especial, gira de manera diferente a las demás, pues dentro de sí alberga un material sagrado: aquél del que se constituye el Creador.
La cuarta esfera dorada guarda la materia con la que se van a fabricar las almas. Cuando la vide inicie en el universo, las almas se van a convertir en el vínculo de comunicación entre la mente y el espíritu, otorgando a los seres creados una fuente de comunicación entre lo interno y lo externo. Ese vínculo, también va a servir para comunicar los deseos de Dios con su creación, y viceversa.
La quinta esfera contiene los atributos, herramientas maravillosas que serán destinadas al uso de la creación en sí misma. Los atributos, desde entonces, giran como fuegos artificiales por todos los universos. Ellos quedan a la espera de ser cazados por quien los necesite.
La sexta esfera de fuego lleva dentro lo más importante del Creador. Ésta va a explotar en el momento en que Dios decida dejar avanzar a su creación, para dar inicio el tiempo.
Y con el inicio del tiempo, llegará la vida.
Y con la vida, la evolución.
Y con la evolución, el retorno.
Y ya en casa, volveremos a ser lo que realmente somos: ¡Dioses!
De esa explosión original se desprenderá lo que va a mantener al universo unido. La última esfera será generadora de vida; contendrá su propia vigencia; permitirá que, de la unidad, emerja la individualidad y en ésta se contenga su recuerdo; guardará en su interior el secreto del contacto infinito. Es la esfera más importante para Él, porque es la que alberga el porqué de la existencia; la que mantiene su propia esencia. Ésta es la esfera del amor.
La última esfera que brotó del huevo de la creación corresponde a su sombra, el necesario equilibrio para que pueda existir la evolución. Nada podrá existir sin que la evolución esté presente. Ni siquiera la Nada podría existir sin alzarse dentro del camino de la evolución, sendero que sólo puede andarse con el autoconocimiento y experiencia individuales.
Inmediatamente después de la Creación, la interacción de los elementos comienza a jugar su propio papel. El universo central comienza a expandirse lentamente y a generar dentro de sí sus propios sistemas de vida. El universo se transforma, entonces, en el primer co Creador. Es el primer receptáculo del máximo atributo divino: el libre albedrío.
El tiempo da comienzo aunque, en ese primer instante, las fracciones casi indivisibles del tiempo sólo pueda datarlas Él mismo. Es en ese momento que da comienzo el larguísimo camino con una curva imperceptible, que es el Camino de retorno.
En ese corto lapso, Dios se dispone a sentir y a acompañar a ese incipiente universo central. Él mismo echa a andar lo que más le satisface: la experimentación de su creación, a través de la experimentación de sí misma. Y en ese instante nace el Escrutinio Divino, que es un elemento contenido dentro de la sexta esfera.
Justo en ese momento, la vida y la inteligencia comienzan a existir y el universo se mueve. Ocurre la gran explosión de la sexta esfera y, entonces, con su poder de cohesión y de generación de vida, el amor es derramado con una fuerza colosal, sólo comprensible en términos cósmicos, impregnando hasta la última partícula de las seis esferas restantes.
Los atributos también abandonan la esfera que los contiene y se distribuyen en el universo de manera generosa y equitativa. La inteligencia universal comienza su lento e inexorable movimiento de expansión para convertirse en co Creador independiente



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